Antes de que GitHub existiera, Johan Sørensen ya había construido Gitorious: una plataforma web para alojar repositorios Git, con interfaz colaborativa, ramas, merge requests y wikis. Publicada como software libre y pensada para instalarse en un servidor propio.
Gitorious definió lo que significaba alojar código Git en la web. Qt lo usa para su repositorio oficial. No es un experimento marginal: es la infraestructura de cientos de proyectos de software libre.
Cuando llegó GitHub, en 2008, tomó la misma idea pero con una filosofía diferente: plataforma centralizada, propietaria, optimizada para la experiencia de usuario. Más fácil, más intuitiva, con un modelo de forks y pull requests mejor, con más innovación. La comunidad ha ido migrando gradualmente, casi sin darse cuenta.
Lo que está perdiendo Gitorious no es la idea, sino la tracción. El software libre ha construido el modelo y ahora ve cómo ese modelo triunfa en manos de una plataforma que no puedes controlar.
A día de hoy, Gitorious es el sitio correcto donde estar. Algunos proyectos grandes están o vendrán en los próximos meses, pero la tendencia marca un mal resultado. Gitorious tiene cartas que GitHub no tendrá (fue el primero y es software libre), pero el fenómeno es conocido: la herramienta que triunfa no siempre es la primera, ni la mejor, sino la más popular, y Gitorious está perdiendo. Ojalá cambie algo, pero que GitHub crezca más rápido es un mal síntoma.
2015: Gitorious fue adquirido por GitLab y cerrado poco después. La ironía es que GitLab también es software libre y autoalojable. La idea no murió; la herramienta sí.