Entre 1991 y 1995 aparecieron, sin que nadie las coordinara, las cuatro piezas que sostienen la mayor parte de la web. Linus Torvalds publicó Linux en 1991, el proyecto de un estudiante que continuaba por otro camino la historia que arrancó en Bell Labs en 1969. En 1995, un grupo de webmasters que intercambiaba parches para el servidor NCSA HTTPd, abandonado por su autor, consolidó ese trabajo en un proyecto propio: Apache. Unos meses después, dos suecos y un finlandés publicaron MySQL, una base de datos pequeña y rápida pensada para hardware modesto. Y ese mismo año, Rasmus Lerdorf liberó unas herramientas escritas en C para mantener su página personal: las llamó Personal Home Page Tools, PHP.
Ninguna de las cuatro se diseñó pensando en las otras, pero encajaban como un guante. Linux podía instalarse en un ordenador modesto nuevo o de segunda mano; Apache servía las páginas web con una configuración muy básica; PHP se podía escribir directamente en el HTML sin necesidad de compilar nada; MySQL guardaba los datos con la configuración por defecto. El acrónimo llegó tres años después: en 1998 el periodista alemán Michael Kunze bautizó la combinación como LAMP en la revista c’t, y la editorial O’Reilly lo popularizó después, a sugerencia de los propios creadores de MySQL.
Cuando internet empezó a estar disponible con tarifas planas, la combinación ganó y lo hizo por las razones menos glamurosas posibles. Costaba cero: las licencias libres permitían al proveedor de hosting meter cientos de clientes en la misma máquina, cada uno con su directorio, su base de datos y PHP como módulo de Apache. Estaba documentado hasta la saciedad: manuales, foros, libros y tutoriales para cada pieza. Y venía preinstalado o a un comando de distancia en cualquier distribución. Cualquiera con un editor de texto y un cliente FTP podía publicar una aplicación web un domingo por la tarde.
Sobre esa base se construyó buena parte de lo que usamos a diario. Wikipedia corre sobre MediaWiki, que es PHP con MySQL. WordPress sirve ya más del quince por ciento de la web con la misma pareja. Facebook empezó en 2004 como una aplicación PHP corriente y sigue sobre esa base, aunque a su escala ha tenido que construir compiladores propios. El lenguaje que nació como unas herramientas para una página personal acabó convirtiéndose en un lenguaje serio, y la base de datos que cualquiera administra desde la consola en un hosting compartido mueve una parte respetable de internet.
Diecisiete años después de aquel 1995, el stack tiene grietas visibles. Linux sigue siendo pieza fundamental, pero todo lo demás ya no suena moderno en 2012. nginx le come cuota a Apache sirviendo contenido estático con una fracción de la memoria. Monty Widenius, uno de los creadores de MySQL, bifurcó el proyecto en MariaDB cuando Oracle se hizo con MySQL al comprar Sun. Y, por otro lado, empiezan a aparecer bases de datos que salen del modelo relacional. En cuanto al lenguaje en el lado del servidor, alternativas consolidadas como Python o Ruby se usan cada vez más, sobre todo en startups, y soluciones nuevas como Node aspiran a quedarse con todo lo demás. Puede que alguna de estas piezas acabe cediendo su sitio. Mientras tanto, cuando alguien quiere poner una web en marcha hoy, la respuesta sigue siendo la misma: LAMP.